Las propuestas a los anulacionistas.
México a 10 de junio de 2009
El día lunes 8 de junio Luis González de Alba publica en Milenio Diario un artículo titulado "Anular para elegir". En el mismo diario de circulación nacional publicó Héctor Aguilar Camín los días 8, 9 y 10 de junio sendas reflexiones sobre la anulación del voto en los dos primeros, y una reflexión derivada de las dos anteriores en el último en la que plantea algunas características mínimas de las demandas que debiera adquirir el movimiento anulacionista.
Me parece importante en esta reflexión opinar sobre algunos de los elementos esenciales de estos artículos ya que considero que son de primer orden en el debate político nacional.
Comenzaré con el artículo de Luis González de Alba en sus particularidades para, posteriormente, abordar los elementos de Aguilar Camín que no coincidan con los de González de Alba y finalmente las coincidencias de ambos.
En su reflexión, "Anular para exigir" González de Alba plantea algunos elementos mínimos que él considera necesarios para "quitar el poder a los partidos políticos y regresarlo a los ciudadanos". Estos elementos los divide en 7 puntos que a continuación comento.
En primer lugar habla de la reducción del gasto público para los Partido Políticos, elemento que resulta muy difícil no compartir, es escandalosa la cantidad de dinero que, pudiendo destinarse a salud, educación, cultura, deporte, seguridad social, fomento al empleo y muchas cosas más de primera necesidad, se malgastan en la opulencia de la partidocracia mexicana.
En segundo lugar habla en contra de la Reforma Electoral en la parte que limita la libertad de expresión. Si bien es cierto que esta Reforma atenta contra elementos fundamentales de libertad de expresión, también es cierto que antes de la Reforma, dicha libertad se prostituía al mejor postor y sólo estaba al alcance de quienes tienen el dinero para pagar un spot en radio y/o TV, o bien una inserción en medios impresos. Después de ellos, sólo tenían acceso a dicha libertad los grandes "líderes de opinión" léase medios de comunicación masiva (y obviamente sus patrocinadores). Un derecho no lo es si no es gratuito y Universal. ¿Qué podría hacer un ciudadano de a pie para tener acceso a la "libertad de expresión" al nivel de un Spot de Velasco Arzac o de una nota de López Dóriga? Luego entonces si bien es cierto que la Reforma es imperfecta, tampoco puede, como plantea González de Alba, derogarse y ya, pues deja en franca desventaja a los que ya de por si están en las peores condiciones en el "juego democrático nacional" los más jodidos.
En el tercer, cuarto y quinto puntos coinciden de Alba y Camín, por lo que los analizaré con posterioridad.
Lo referente a la definición del fuero (en su sexto punto) me parece correcto, sólo que, a mi entender, habría que complementarlo con el planteamiento de la rendición de cuentas y sobre todo el de la revocación de mandato. Es decir, no basta conque los políticos ya no gocen de fuero para delinquir, ahora hay que dar el poder a los ciudadanos para destituirlos si no cumplen sus promesas de campaña, no trabajan, o simplemente son ineficientes. Urge una ley que nos ayude a no tener que aguantar otro Fox 6 años solo porque es la duración Constitucional de su mandato.
Por último, en su séptimo punto nos habla de la autonomía del IFE que se "ha perdido". Para todos los que hablan de esto a partir de la Reforma Electoral, cabría preguntarles, en el sentido que entienden la autonomía ¿cuándo la tuvo el IFE? Desde que se autonomizó, el IFE fue electo por los Diputados, y desde un principio ellos pertenecían a Partidos Políticos en virtud de cuyo interés calibraban la elección de los consejeros. Y, además ¿cómo sería diferente? es decir, sea como sea y mientras la ley no se reforme, los Diputados son los "representantes populares" y pertenecen a Partidos Políticos en la proporción que "determina el voto ciudadano" al menos eso es lo que dice el Sistema Democrático Mexicano. Si no fueran los Diputados quienes nombran al IFE o a su contralor (¿o es que acaso no lo necesita?) la única forma en que fuera más democrático es que los eligiera el pueblo directamente y ¿con qué árbitro se realizaría dicha elección?, ¿quién nombraría a dicho árbitro?, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
En cuanto a lo que Camín plantea me parece, por mucho, lo más interesante el que trata de hacer de un movimiento que convoca a no hacer, un movimiento que haga, es decir, entiende que el anular el voto en si mismo no lleva a nada, en el mejor de los casos a que gane el Partido más corporativo, el de mayor voto duro, premiando probablemente a quien se pretende censurar con la anulación. Camín plantea que la gente se organice, por un lado, que se movilice y que plantee demandas concretas que puedan convertirse en "una agenda legislativa mínima" para los que salgan electos.
Los problemas son dos, el primero y más importante es como logramos imponer esa agenda legislativa que surgiera de un movimiento ciudadano legítimo, para que la lleven adelante aquellos contra los que el movimiento se levanta. Es decir, las luchas políticas concretas se resuelven por correlación de fuerzas, no por la acción del convencimiento de uno de los polos de la contradicción hacia el otro..
El segundo problema es la agenda legislativa en si misma que poco resuelve.
Y es allí donde están las coincidencias de Camín con de Alba.
Tres propuestas.
Una es la anulación de las diputaciones plurinominales, con lo cual estoy completamente de acuerdo, me parece una necesidad impostergable. Únicamente habría que precisar al artículo de hoy de Camín que los Senadores plurinominales son una cuarta parte y no un tercio del total.
La propuesta de la Reelección legislativa ya la he comentado ampliamente en otro artículo por lo que no abundaré en el actual.
Ahora bien, el último punto es de las candidaturas ciudadanas. De nuevo, como en el caso de la libertad de expresión, la propuesta es necesaria pero inconclusa. Es decir, en una sociedad como la actual que haríamos ante las candidaturas ciudadanas. ¿El IFE financiaría con la misma cantidad a cualquiera que quiera ser candidato, sea a una alcaldía o a la Presidencia de la República?, ¿Recibirá lo mismo el candidato ciudadano que un Partido Político?, si no ¿Cómo se determinará el financiamiento?
Dice González de Alba que con las cuotas e los militantes únicamente.
Eso de arranque pone en ventaja económica a un partido proempresarial que a uno popular. Es decir, el que defienda el interés de los que todo tienen contará con todo para ganar, mientras el que tenga en su programa la lucha por los que nada tienen, con nada contará para su campaña.
Si se financian con recursos propios ¿alguien podría competir con la candidatura a la presidencia de Carlos Slim? Es más, sin ir tan lejos. El Doctor Simi tiene su propio programa de TV, su propio periódico y paga cada que quiere desplegados en todos los periódicos de circulación nacional. Tiene en sus farmacias un centro de distribución de su propaganda de manera natural y masiva. Si necesita más tiempo aire en TV tiene para pagarlo. Y no es, ni por mucho, el hombre más rico de México.
En una campaña presidencial ciudadana, yo, que soy tan ciudadano como él, podría competir con él si a duras penas puedo tal vez imprimir 10 000 volantes. No lo creo.
Es decir, ¿candidaturas ciudadanas? CLARO QUE SI.
Pero el problema no es sólo el que, sino el como, no es la píldora mágica sino la fórmula para que esta píldora funcione. En una sociedad desigual, competir sin mecanismos de equilibrio es competir desigualmente. Sin resolver antes esto, o al menos plantear en paralelo los mecanismos de equidad que acompañen dicha reforma es sólo un acto de demagogia o en todo caso la lucha por la substitución de la partidocracia por la aristocracia.
Me parece importante en esta reflexión opinar sobre algunos de los elementos esenciales de estos artículos ya que considero que son de primer orden en el debate político nacional.
Comenzaré con el artículo de Luis González de Alba en sus particularidades para, posteriormente, abordar los elementos de Aguilar Camín que no coincidan con los de González de Alba y finalmente las coincidencias de ambos.
En su reflexión, "Anular para exigir" González de Alba plantea algunos elementos mínimos que él considera necesarios para "quitar el poder a los partidos políticos y regresarlo a los ciudadanos". Estos elementos los divide en 7 puntos que a continuación comento.
En primer lugar habla de la reducción del gasto público para los Partido Políticos, elemento que resulta muy difícil no compartir, es escandalosa la cantidad de dinero que, pudiendo destinarse a salud, educación, cultura, deporte, seguridad social, fomento al empleo y muchas cosas más de primera necesidad, se malgastan en la opulencia de la partidocracia mexicana.
En segundo lugar habla en contra de la Reforma Electoral en la parte que limita la libertad de expresión. Si bien es cierto que esta Reforma atenta contra elementos fundamentales de libertad de expresión, también es cierto que antes de la Reforma, dicha libertad se prostituía al mejor postor y sólo estaba al alcance de quienes tienen el dinero para pagar un spot en radio y/o TV, o bien una inserción en medios impresos. Después de ellos, sólo tenían acceso a dicha libertad los grandes "líderes de opinión" léase medios de comunicación masiva (y obviamente sus patrocinadores). Un derecho no lo es si no es gratuito y Universal. ¿Qué podría hacer un ciudadano de a pie para tener acceso a la "libertad de expresión" al nivel de un Spot de Velasco Arzac o de una nota de López Dóriga? Luego entonces si bien es cierto que la Reforma es imperfecta, tampoco puede, como plantea González de Alba, derogarse y ya, pues deja en franca desventaja a los que ya de por si están en las peores condiciones en el "juego democrático nacional" los más jodidos.
En el tercer, cuarto y quinto puntos coinciden de Alba y Camín, por lo que los analizaré con posterioridad.
Lo referente a la definición del fuero (en su sexto punto) me parece correcto, sólo que, a mi entender, habría que complementarlo con el planteamiento de la rendición de cuentas y sobre todo el de la revocación de mandato. Es decir, no basta conque los políticos ya no gocen de fuero para delinquir, ahora hay que dar el poder a los ciudadanos para destituirlos si no cumplen sus promesas de campaña, no trabajan, o simplemente son ineficientes. Urge una ley que nos ayude a no tener que aguantar otro Fox 6 años solo porque es la duración Constitucional de su mandato.
Por último, en su séptimo punto nos habla de la autonomía del IFE que se "ha perdido". Para todos los que hablan de esto a partir de la Reforma Electoral, cabría preguntarles, en el sentido que entienden la autonomía ¿cuándo la tuvo el IFE? Desde que se autonomizó, el IFE fue electo por los Diputados, y desde un principio ellos pertenecían a Partidos Políticos en virtud de cuyo interés calibraban la elección de los consejeros. Y, además ¿cómo sería diferente? es decir, sea como sea y mientras la ley no se reforme, los Diputados son los "representantes populares" y pertenecen a Partidos Políticos en la proporción que "determina el voto ciudadano" al menos eso es lo que dice el Sistema Democrático Mexicano. Si no fueran los Diputados quienes nombran al IFE o a su contralor (¿o es que acaso no lo necesita?) la única forma en que fuera más democrático es que los eligiera el pueblo directamente y ¿con qué árbitro se realizaría dicha elección?, ¿quién nombraría a dicho árbitro?, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
En cuanto a lo que Camín plantea me parece, por mucho, lo más interesante el que trata de hacer de un movimiento que convoca a no hacer, un movimiento que haga, es decir, entiende que el anular el voto en si mismo no lleva a nada, en el mejor de los casos a que gane el Partido más corporativo, el de mayor voto duro, premiando probablemente a quien se pretende censurar con la anulación. Camín plantea que la gente se organice, por un lado, que se movilice y que plantee demandas concretas que puedan convertirse en "una agenda legislativa mínima" para los que salgan electos.
Los problemas son dos, el primero y más importante es como logramos imponer esa agenda legislativa que surgiera de un movimiento ciudadano legítimo, para que la lleven adelante aquellos contra los que el movimiento se levanta. Es decir, las luchas políticas concretas se resuelven por correlación de fuerzas, no por la acción del convencimiento de uno de los polos de la contradicción hacia el otro..
El segundo problema es la agenda legislativa en si misma que poco resuelve.
Y es allí donde están las coincidencias de Camín con de Alba.
Tres propuestas.
Una es la anulación de las diputaciones plurinominales, con lo cual estoy completamente de acuerdo, me parece una necesidad impostergable. Únicamente habría que precisar al artículo de hoy de Camín que los Senadores plurinominales son una cuarta parte y no un tercio del total.
La propuesta de la Reelección legislativa ya la he comentado ampliamente en otro artículo por lo que no abundaré en el actual.
Ahora bien, el último punto es de las candidaturas ciudadanas. De nuevo, como en el caso de la libertad de expresión, la propuesta es necesaria pero inconclusa. Es decir, en una sociedad como la actual que haríamos ante las candidaturas ciudadanas. ¿El IFE financiaría con la misma cantidad a cualquiera que quiera ser candidato, sea a una alcaldía o a la Presidencia de la República?, ¿Recibirá lo mismo el candidato ciudadano que un Partido Político?, si no ¿Cómo se determinará el financiamiento?
Dice González de Alba que con las cuotas e los militantes únicamente.
Eso de arranque pone en ventaja económica a un partido proempresarial que a uno popular. Es decir, el que defienda el interés de los que todo tienen contará con todo para ganar, mientras el que tenga en su programa la lucha por los que nada tienen, con nada contará para su campaña.
Si se financian con recursos propios ¿alguien podría competir con la candidatura a la presidencia de Carlos Slim? Es más, sin ir tan lejos. El Doctor Simi tiene su propio programa de TV, su propio periódico y paga cada que quiere desplegados en todos los periódicos de circulación nacional. Tiene en sus farmacias un centro de distribución de su propaganda de manera natural y masiva. Si necesita más tiempo aire en TV tiene para pagarlo. Y no es, ni por mucho, el hombre más rico de México.
En una campaña presidencial ciudadana, yo, que soy tan ciudadano como él, podría competir con él si a duras penas puedo tal vez imprimir 10 000 volantes. No lo creo.
Es decir, ¿candidaturas ciudadanas? CLARO QUE SI.
Pero el problema no es sólo el que, sino el como, no es la píldora mágica sino la fórmula para que esta píldora funcione. En una sociedad desigual, competir sin mecanismos de equilibrio es competir desigualmente. Sin resolver antes esto, o al menos plantear en paralelo los mecanismos de equidad que acompañen dicha reforma es sólo un acto de demagogia o en todo caso la lucha por la substitución de la partidocracia por la aristocracia.
Publicidad