Calderón y la despedida anticipada.
Calderón cierra la veda electoral despidiéndose de una presidencia de la República que jamás debió encabezar. En un acto con claros tintes electoreros Calderón da un informe de gobierno al menos 5 meses antes del informe oficial. De manera clara pretende levantar con ello la alicaída candidata del PAN.
Sin perder su costumbre, Calderón nos habla (como en su momento Fox, Zedillo, Salinas, de la Madrid, etc, etc.) de un México que los mexicanos no conocemos. Las cifras macroeconómicas, según las cuales México sigue avanzando contrastan con la realidad de millones de mexicanos que día con día ven como se deteriora su poder adquisitivo y con él la calidad de vida de ellos y sus familias.
No nos dice nada, o dice muy poco, de las altas cifras de desempleo y de la necesidad de millones de mexicanos de recurrir a la economía informal como una tabla de salvación ante el abismo en el que caerían sus vidas si dependieran de la capacidad del gobierno nacional para generar alternativas. Según las cifras oficiales (que tienden a ser más optimistas que la realidad) hay más de 7 millones de jóvenes entre 14 y 30 años que ni estudian ni trabajan (los llamados ninis) sin que merezcan en el discurso de despedida del presidente una línea, una explicación, ya no pidamos una alternativa. No se pida cuentas sobre si el país ha desarrollado o hundido aún más la escasa industria nacional, pues no creo que Calderón traiga una sola nota al respecto.
No nos explica la ruina en que se encuentra el campo nacional, agobiado por políticas neoliberales que lo han derrumbado, acosado por tratados internacionales inequitativos y por el alza de costos a partir de la cada vez mayor proliferación de los biocombustibles. Además, el coyotaje y los intermediarios castigan las pingües ganancias de los productores y por si fuera poco la ecología contribuye con sequías para las que el gobierno no ofrece alternativas. Se queda pasmado ante la hecatombe como si atender la problemática no fuera cosa suya, a la manera del foxista ¿y yo por qué?
En el tema del incremento de la violencia nos dice que no fue su guerra la que generó la violencia, sino la violencia de los delincuentes la que lo hizo tomar la decisión de llevarnos a la guerra. El problema fundamental es que pareciera que nadie reflexiona que en las comunidades en que se asienta el ejército, la violencia no disminuye, crece. Que el problema del narcotráfico necesita un planteamiento integral. Que si generamos cultura, educación y prevención, así como tratamientos oficiales en contra de las adicciones puede disminuir más el problema que si lo judicializamos. Que si tuviéramos ofertas de empleo digno para los millones de mexicanos que lo requieren, entre ellos los citados ninis, el narco no tendría tanta facilidad para reclutar sicarios, sin embargo el gobierno prefiere exterminarlos.
Calderón olvida que, por ejemplo, la autoridad tiene la obligación de investigar todos los homicidios que se comenten en el país, pues aún suponiendo sin conceder que los asesinados fueran delincuentes, eso no hace menos delictivo su homicidio. Pero aquí no pasa eso. ¿De cuántas de las más de 60 000 (más de 120 000 según fuentes militares norteamericanas) muertes de su guerra nos puede el gobierno de Calderón hablar de una investigación concluida, con culpables probados, y de preferencia castigados?, ¿En qué porcentaje se ha renunciado a la facultad de investigar bajo la idea de que son ajustes de cuentas entre criminales?
El resultado de una política pública tiene que ser evidente a la luz de los gobernados. ¿Quién puede creer que se “va ganando” la guerra contra el narco de Calderón?, ¿ha disminuido esté fenómeno?, ¿hay menos violencia?, cuando comenzó el sexenio de calderón, ¿Qué porcentaje del territorio nacional se encontraba claramente bajo el control del crimen organizado?, ¿qué porcentaje controlan ahora?, ¿ha disminuido?, ¿en serio?
En la guerra de calderón ¿se han respetado los derechos humanos (aunque no lo crean también los delincuentes los tienen, para no caer en un Estado delincuencial)?
En educación sería bueno preguntar al presidente si nuestro país ha mejorado. ¿Alguien podría citar un nuevo plantel y/o universidad pública que albergue la creciente demanda?, ¿son menos los rechazados de la UNAM, UAM, IPN que al inicio del sexenio de Calderón?, ¿ha disminuido el poder de la maestra Gordillo (amiga de Calderón que le ayudo a robarse la presidencia de la república) en el SNTE?, ¿es mejor la educación pública básica?, ¿desarrollamos tecnología o investigación propias? En el informe de Calderón, no se habla de estos temas pues no son los temas de su interés.
En salud nos dice que ha desarrollado el Seguro Popular. El problema es que dudo que haya acudido a alguna consulta en el Seguro Social al menos en sus últimos 20 o 30 años. No creo que conozca de lo difícil que es acudir al Seguro con una enfermedad y recibir cita para varias semanas después, al cabo de las cuales ya el paciente se curó o se murió. Cuando tienes la fortuna de ser atendido por un médico te mandará medicamentos del cuadro básico (creo que le llaman cuadro por que al parecer no son más de 4) y si es algún medicamento de especialidad probablemente te digan que está agotado o que debe ser autorizado por un médico de especialidad, al cual podrás ver después de solicitar una cita que, si bien te va, te será otorgada al cabo de unos meses.
No sé en que indicadores de vida se base el presidente para decir que vivimos mejor. Es claro que en los básicos, a saber, empleo, ingresos, salud, alimentación, seguridad, educación y oportunidades de desarrollo, no hemos crecido, al menos no en niveles generalizados para la población. El número de pobres ha aumentado aunque le duela al presidente.
Un sexenio perdido con miles de vidas perdidas. Con retroceso y rezago, con miedo, muerte y sangre como aderezo. Frivolidades como la estela de luz en que se tiró dinero que habría dado empleo a decenas de miles de mexicanos. Con programas sociales que solo se usan con finalidad electoral. Un sexenio que no debió ocurrir, pero que al menos para nuestro consuelo, ya comienza a terminar. Aunque sea electoreramente, el que se despida, nos hace sentir como que estamos a punto de despertar de un mal sueño.
AMLO ya lo perdonó. Dudo que el pueblo sea tan benevolente.