Sobre el documento “Poder Popular” de Fernando. (Segunda y última Parte)

Publicado en por Franky

Fernando más adelante nos dice: “Las viejas formas de organización son formas que reproducen las relaciones sociales capitalistas, la subordinación del trabajo vivo al trabajo materializado, de la energía de la clase a estructuras de representación, basadas respectivamente en el mero aglutinamiento de masas, en el caso de estructuras gremiales centralizadas y burocráticas, y en sometimiento del pensamiento individual a la ideología en el caso de los partidos políticos. La construcción de un nuevo poder popular,  pasa por fundamentar todo en la cooperación libre y entusiasta entre iguales, por sustituir el aglutinamiento de individuos tras unos cuantos dirigentes, por la creación de agrupamientos autónomos a partir del compromiso individual  y colectivo con la lucha práctica y en un espíritu de comunidad y fraternidad. Las Auténticas comunidades de lucha de los proletarios, pasa también, por la supresión de todas las formas especiales de partido…”


En esta parte, Fernando aplica su concepción a lo que quiere ser una definición. El poder popular que pretende construir Fernando (aunque según su propia expresión poco valdría el término construir) surgirá de manera espontánea, a través de la cooperación libre y espontánea entre iguales. Substituirá (en los anhelos de Fernando) el aglutinamiento de individuos tras unos cuantos dirigentes y creará agrupamientos autónomos a partir del compromiso individual y colectivo con la… suprimirá todas las formas especiales de partido.


Está es la visión de Fernando de cómo debe ser el poder popular. Cuando uno trata de definir un fenómeno no lo hace a partir de su deber ser. La definición debe partir del ser real, del material, del tangible, del fenómeno mismo. El tema del deber ser es un tema distinto a una definición. En el documento, en teoría, Fernando nos habla del poder popular y pretende definirlo. Nos lo presenta como un fenómeno vivo, existente, material. Pero en la práctica no nos habla de ese poder popular existente, sino del que (siempre en su concepción) debe existir algún día.


Aquí uno de los principales problemas, pues al confundir el ser con el deber ser, propone escenarios irreales e inexistentes. Fernando nos dice que el poder popular debe ser alternativo, paralelo al poder capitalista. Debe ser un poder proletario, y debe ser un poder para la liberación del proletariado y las demás clases oprimidas de la sociedad. Pero también plantea que debe surgir de la cooperación libre y entusiasta entre iguales. Si nos atenemos a estos aspectos tenemos un problema. Si el poder popular es una forma de lucha del proletariado y las clases oprimidas por su liberación en el régimen capitalista, no puede surgir de una cooperación libre y entusiasta entre iguales, sino de la necesidad forzada (no por la lucha sino por el capital) entre desiguales (porque en el capitalismo, los explotados no somos iguales). Una sociedad que permita la igualdad entre sus semejantes, en donde estos actúen con entusiasmo y libertad (no forzados por sus deplorables condiciones de vida) solo será posible con un régimen distinto al capitalismo. Es entonces aquí donde Fernando sueña con el deber ser de un instrumento que destruya el capitalismo pero que en su concepción surge de una sociedad distinta.


Después nos dice que se va a sustituir el aglutinamiento de individuos tras unos cuantos dirigentes y suprimirán todas las formas especiales de partido. Por un lado Fernando demuestra por enésima vez su desprecio por la dirección política (aunque hasta hoy no creo que pueda mencionar un solo proceso histórico en que ésta no exista) y su exacerbado culto a las masas y a su espontaneidad.


Si en la concepción de Fernando el poder popular surge de manera espontánea de entre las masas, que además según él ya son libres, solidarias y luchan con alegría y placer, luego entonces no se necesitan dirigentes. Los borramos de un plumazo. Y como para Fernando las masas son iguales (tal vez también en las ideas, el pensamiento y las formas de concebir la realidad) suprime las formas especiales de partido no entendiendo que estas formas permiten el aglutinamiento de los individuos en torno a propuestas, programas y formas de ver, entender y pretender transformar la realidad.


Así pasa del democratismo más laxo al fascismo más expreso al transmitir sus fobias y filias personales al movimiento. Como él no ha encontrado en los partidos o no conoce ejemplos históricos de partidos que transformen positivamente la realidad y como además para él todas las revoluciones previas son fracasadas, negando que él incluso es un producto histórico de dichas revoluciones, pues suprimamos los partidos, despreciemos la organización del elemento consciente, de la formación de cuadros que dirijan el proceso revolucionario y que sean capaces de ayudar al desarrollo de las masas atrasadas, y de aprender de las masas de vanguardia. Para Fernando no es necesario los dirigentes, todo surge bella y espontáneamente pues el partido es innecesario.


Nos habla además de la creación de agrupamientos autónomos, quiero entender que con respecto al poder del Estado, pero eso es lo que quiero entender, porque el autor no nos lo explica. Cuando hablamos de términos como autonomía, ésta se define solo en base a uno o varios elementos externos. ¿Estos agrupamientos serán autónomos también entre sí? Si es esa la concepción de Fernando, no es nueva, podemos verla expresada con claridad en algunas expresiones del movimiento anarquista y en el zapatismo. El problema es que estas concepciones, sin un hilo conductor que las ligue, tienden a querer enfrentar al capital con la construcción de la autarquía, la cual en un mundo globalizado es, por un lado, una ilusión y por otro una condena al rezago para quien la lleve en práctica.


Sigamos adelante en otros pasajes del valioso documento de Fernando.


“Pero, la construcción de nuevas formas de organización, sólo puede ser el resultado de las necesidades determinadas por la lucha de clases… La supresión de la división entre dirigentes y dirigidos en el movimiento proletario tiene que basarse en el esfuerzo constante, individual y colectivo, por el desarrollo de las propias capacidades y de la autoactividad”


La primera parte de esta cita es clave. La construcción de nuevas formas de organización sólo puede ser resultado de las necesidades determinadas por la lucha de clases. Esta parte es oro molido. Más allá de las voluntades teoricistas de Fernandos  y Frankys, es el movimiento el que habrá de determinar sus nuevas formas de organización.


Es aquí donde resulta evidente que el movimiento no le apuesta al desarrollo espontáneo de las masas, como Fernando, se organiza en estructuras de militantes (dirigentes) que a su vez son las que van promoviendo y desarrollando las estructuras de masas, el poder popular.


Además Fernando tiene una viva experiencia de ello, el problema es que no la asimila, no la hace consciente. Pongamos por ejemplo la última reunión en que estuvimos juntos, en donde aproximadamente 7 u 8 compañeros discutíamos los temas y la organización de la Asamblea Popular de Naucalpan, como una de las estructuras de masas y de poder popular que estamos creando. Ninguno de los allí presentes eran de Naucalpan, y la gente que acudió finalmente a la asamblea no lo hizo espontáneamente a partir de las orientaciones que le dictan sus intereses, como nos dice Fernando. Las personas acudieron a partir de la discusión, propuesta e iniciativa de un grupo de activos (dirigentes, aunque le saque sarpullido al buen Fer) y de los cuales Fernando forma parte.


En cuanto a la supresión de la división entre dirigentes y dirigidos, no será, como anhela Fernando, producto del esfuerzo constante, individual y colectivo, por el desarrollo de las propias capacidades y de la autoactividad. Este esfuerzo se da con dirigentes y sin ellos.


Nos explica el marxismo que las contradicciones se resuelven cuando un polo de la contradicción se impone sobre el otro.


¿Cuál es la contradicción que da origen a la división entre dirigentes y dirigidos?


La desigualdad. Cuando hablo de desigualdad me refiero a todos los niveles en que esta se da. Desigualdad económica, política y social. Desigualdad académica, desigualdad en los niveles de participación, de interés, de compromiso.


Volvamos al ejemplo de Naucalpan.


¿Para quién era benéfica la Asamblea Popular? Para los vecinos de Naucalpan sin lugar a dudas, sin embargo, ¿Por qué ellos no la planearon? Porque no tienen los niveles de consciencia que los lleven a entender la necesidad de asambleas de este tipo. ¿Por qué a pesar de no haberla planeado, y que ya estaba preparada y sólo implicaba el compromiso de acudir, mucha gente no fue? De nuevo por la ausencia de los niveles de consciencia.


Entonces ¿Los que convocaron (los dirigentes) son superhombres, son diferentes a las masas? Claro que no. El problema es la desigualdad. Los que convocan ha tenido situaciones materiales concretas, vivencias, que los han llevado a ser diferentes. A tener una práctica política común, más cotidiana, misma que h despertado en ellos la necesidad de estudiar la realidad y las formas de transformarla, a tener un estudio sistemático y revolucionario. Todo lo anterior los ha hecho entender la necesidad de asambleas como la de Naucalpan y, a pesar de ni siquiera vivir allí, comenzar a convocarlas. Además acuden y participan en ellas, y las convocan no sólo en Naucalpan sino en todos los lugares en donde tienen incidencia.


Estas asambleas generarán que la gente que originalmente no las convoca, pero acude a ellas, vaya elevando sus niveles de consciencia y participación y entienda la necesidad de las asambleas mismas y se conviertan en convocantes. Poco a poco irán adquiriendo experiencia y preparación, se convertirán en dirigentes e irán necesitando cada vez menos a los dirigentes originales. Si continúan una práctica correcta, reproducirán el conocimiento y la experiencia y seguirán convocando a compañeros nuevos, que poco a poco se desarrollen y siga avanzando el proceso.


Si llegara el momento en que todos los habitantes de Naucalpan (o al menos una gran mayoría) adquirieran la experiencia, la consciencia, la preparación y la visión de la necesidad, para la realización de las Asambleas Populares (y otras muchas tareas que requiere la lucha política, revolucionaria) entonces, solo entonces, los dirigentes dejarían de ser necesarios, se superaría la contradicción que los hace necesarios. Y superando la contradicción, no con buenos deseos, es como se resuelve dialécticamente cualquier conflicto.


No es con voluntad, solidaridad y libertad como se agota la necesidad de los dirigentes y mientras exista la necesidad los dirigentes existirán. Es creando la igualdad necesaria (misma que los verdaderos dirigentes ayudan a construir) como los dirigentes dejan de ser necesarios, se extinguen diría Engels.


Sigamos sobre el texto.


En la parte sobre la aplicación práctica del poder popular Fernando nos cita ejemplos como los del EZLN, Venezuela, Bolivia, Argentina, la APPO etc. En estos lugares se entiende que Fernando ve el surgimiento del poder popular en la escala nacional e internacional, yo añadiría los casos de Nicaragua, Ecuador, Atenco y otros.


Para efectos prácticos, la realidad le demuestra a Fernando que sus deseos son solo eso, deseos. En ninguno de los casos que el menciona se puede hablar de la ausencia de dirigentes y de la lucha que surja de manera espontánea. Es verdad que la transformación dialéctica en las condiciones materiales de vida de la gente, orillan a que estas transformaciones se den de manera violenta y radical en un corto lapso, pero todas ellas son producto de una incubación sistemática, en la cual un grupo de compañeros, el elemento consciente, fueron impulsaron propuestas y políticas, y cuando las condiciones estuvieron dadas, pudieron conseguir que el movimiento estallara.


¿El movimiento habría estallado, espontáneamente, sin la aparición de éstos dirigentes? Seguramente, porque las condiciones materiales concretas estaban allí para que el movimiento estallara, pero la conducción, el rumbo, los objetivos y los alcances del movimiento, seguramente habrían sido otros.


Para bien o para mal, El Subcomandante Marcos, Hugo Chávez, Evo Morales, los líderes de la Central de Trabajadores Argentina, Daniel Ortega, Ignacio Valle, Flavio Sosa, y muchos otros compañeros jugaron un papel de primer orden, antes durante y después de la construcción de estas estructuras de poder popular a las que hace referencia Fernando. En la mayoría de los casos aún siguen jugando ese papel.


“Sólo la inexistencia de fuerzas de recambio político no aparecidas hasta entonces, ni hasta hoy, así como la supervivencia de una izquierda dogmática, permitieron que el 19 y 20 no surgiera en un nuevo proyecto político nacional, superador de la crisis”.


Cuando se refiere a Argentina Fernando habla de la inexistencia de fuerzas de recambio político no aparecidas hasta entonces ni hasta hoy. Termina aquí por reconocer, no se si comprendiendo del todo, la realidad. Las fuerzas a las que invoca Fernando no han aparecido ni entonces ni hasta hoy. Y no han aparecido porque no son producto de la realidad, porque las condiciones materiales concretas no están dadas para que aparezcan, porque solo viven en la imaginación de Fernando y otro número de compañeros que sueñan con lo que quieren que exista sin comprender primero lo que realmente existe.


Lenin decía que tenemos que construir el socialismo a partir de la sociedad capitalista, a los que planteaban la construcción del socialismo como algo puro que nace inmaculado de la noche a la mañana los refería como utopistas. En la concepción de Fernando, su cercanía se da más hacia el anarquismo utopista (ni dios, ni amo, ni dirigentes diría el Fer) que a una concepción marxista, materialista dialéctica, que forzosamente parte de la realidad para su transformación.

Publicidad
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post