La Transformación de la Sociedad como una necesidad urgente.
México a 28 de julio de 2009.
En la actualidad, la realidad nos invita, pero a la vez nos exige, que transformemos la sociedad en que vivimos de forma inmediata, drástica, radical.
El desarrollo del hombre se viene generando de manera exponencial. En materia científica, sin lugar a dudas, el siglo XX albergó una mayor cantidad y calidad de avances de los que el hombre hubiera acumulado a lo largo de toda su vida previa como especie. De la misma manera podemos asegurar que en lo que va del siglo XXI, los avances han logrado ya superar a los del Siglo XX en su conjunto y probablemente a todos los de la historia de la humanidad. En una entrevista vista hace poco, un investigador de la UNAM aseguraba que en esa tendencia exponencial podría asegurar que el ser humano podría en los próximos dos años duplicar, o aún más, todo el conocimiento de su historia acumulada, todo su desarrollo científico y tecnológico.
Sin embargo este desarrollo, potenciado en la sociedad capitalista, ha engendrado sus propios demonios internos. La desigualdad se encuentra en su punto mayor en toda la historia de la humanidad; el hambre y la miseria en el mundo hoy alcanzan un mayor número de millones de seres humanos que en las peores épocas que hubiera conocido el hombre. ¿De que nos sirve el desarrollo científico y tecnológico si no está al servicio de la humanidad como especie? Hoy hay cientos de miles de enfermedades curables que hace solo apenas unos años no lo eran. Sin embargo la cura de estas enfermedades, en la mayoría de los casos están vinculadas con la nación en que vives, con su desarrollo específico, y aún dentro de la nación en que vives, con el nivel socioeconómico particular que tienes en lo individual.
Salvo Cuba, en donde la salud es un derecho universal, el resto del mundo tiene este derecho directamente vinculado con cuestiones socioeconómicas. Lo mismo podemos decir de la educación y la ciencia, hoy más desarrollados que nunca y a la vez más restringidos. Los jóvenes de escasos recursos a lo largo y ancho del mundo, están cada día más lejanos a una educación científica y de calidad.
La globalización ha abierto un mundo de posibilidades socioculturales con el internet, pero a la vez este también se limita a tener las condiciones materiales para contar con una computadora y una conexión de red. Un mundo de conocimiento a la par tan público y a la par tan restringido.
En este desarrollo de la humanidad se ha conjugado la etapa de mayor voracidad capitalista, que así como ha generado mayores desarrollos en un siglo que en toda la historia precedente, también ha generado más daños biológicos y geológicos que en toda la historia que nos antecede. Esta voracidad a provocado especies en peligro de extinción al por mayor y un desequilibro ambiental que, entre otros “regalos” nos ha donado el calentamiento global, que solo imbéciles como Bush o las grandes transnacionales pueden ignorar. Esto nos pone en la antesala de conflictos de proporciones incalculables.
Hay científicos que con conocimiento de causa afirman que en menos de 20 años podemos enfrentar una guerra mundial, no por petróleo o bienes materiales generales, sino por una sustancia vital que para los habitantes de zonas urbanas nos parece tan común (a no ser que vivas en Iztapalapa o algunas zonas de Coyoacán) y que sin embargo hoy muchos habitantes del mundo anhelan y atesoran, el AGUA.
El cambio climático, sin caer en versiones hollywoodescas, nos pone ante la extinción masiva de especies, lo que descompensa los ecosistemas, el derretimiento de los polos, que pudiera ocasionar la desaparición, gradual o de golpe (recordemos los tsunamis) de ciudades completas con todos sus habitantes. El cambio climático ha provocado también la extensión de la temporada de huracanes, su arreciamiento y su poder destructivo. En las grandes ciudades la sobrepoblación ha provocado la escasez de servicios.
En la Ciudad de México además (por citar un ejemplo que seguramente se repite en muchos lugares del mundo), la sobre construcción y el desgaste de los mantos acuíferos ha provocado deslaves y grietas que ponen en riesgo la vida y el patrimonio de miles de familias, lo mismo en Chalco o Iztapalapa, en colonias de altos niveles de pobreza y marginación, que en Santa Fe o en la Colonia Nápoles, de alta plusvalía.
El hombre está cavando, con su desarrollo tecnológico irracional y desvinculado a una visión de conservación de la tierra y respeto a la naturaleza que nos rodea, su propia tumba. Lo peor es que este desarrollo ni siquiera alcanza a toda la especie humana, en lo general beneficia a una ínfima minoría mientras el resto vivimos en condiciones sumamente adversas. Por si fuera poco, las consecuencias de esta depredación provocada por una minoría rapaz, son mayormente padecidas por la mayoría que no las provoca, que no recibe los beneficios y que sólo es perjudicada.
Es decir, el mundo está, ante la voracidad del hombre, ante un riesgo real y no apocalíptico de su destrucción y la especie humana misma puede desaparecer ante su ignorancia.
Lo anterior hace cada día más necesario un nuevo modelo de sociedad, de desarrollo, de producción y acumulación de la riqueza, de relaciones humanas y de los hombres con su entorno. La idea de la lucha por una nueva sociedad ya no es solo una aspiración o un punto de vista según la opinión de cada quien, es hoy una necesidad práctica e impostergable pues de no darse el mundo se nos puede ir entre las manos. Además se tiene que dar ya, a la mayor brevedad, pues de lo contrario podemos llegar a un punto de no retorno (en lo ecológico y lo social) donde los cambios lleguen demasiado tarde, cuando ya no podamos hacer más que contemplar el fruto de nuestra indiferencia.